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Prevenir la muerte súbita en deportistas

Prevenir la muerte súbita en deportistas

Los trágicos casos de muerte súbita en el deporte ponen de manifiesto la necesidad de concienciarnos y conocer el origen de este problema para prevenirlo y tratarlo.

La muerte súbita es especialmente llamativa cuando ocurre en deportistas bien entrenados y con un excelente rendimiento físico que, desgraciadamente, desconocían que eran portadores de enfermedades cardiovasculares.

Hay que tener en cuenta que la práctica deportiva es muy saludable, de hecho, existen evidencias de que el ejercicio físico de resistencia ejerce un efecto protector para el desarrollo de arteriosclerosis coronaria, sin embargo, la actividad física intensiva puede incrementar sensiblemente el riesgo de sufrir algún accidente cardivascular durante o después del ejercicio.

La edad es uno de los principales factores de riesgo para padecer muerte súbita. A partir de los 35 años aumenta notablemente el riesgo de sufrirla. En deportistas jóvenes, las causas de padecer muerte súbita son generalmente congénitas y casi nunca de origen isquémico, siendo la miocardiopatía arritmogénica del ventrículo derecho y miocarditis las patologías más frecuentes. También hay factores de riesgo como antecedentes cardíacos familiares, sobrepeso, hipertensión, colesterol, estrés, fumar, etc.

El pilar fundamental para prevenir la muerte súbita consiste en realizarse un reconocimiento cardiológico pre-participación deportiva (RCPD), cuyo principal objetivo será detectar, de forma precoz, aquellas patologías cardíacas que puedan constituir un riesgo de muerte súbita.

Existen reconocimientos básicos que sólo realizan una valoración de los antecedentes familiares y una exploración clínica. Sin embargo, en los últimos años se ha demostrado la eficacia de los reconocimientos que incluyen además un electrocardiograma (ECG) en reposo, una prueba de esfuerzo y un ecocardiograma.

Una exploración física meticulosa puede alertar sobre la presencia de ciertas cardiopatías, pero desgraciadamente la mayoría de deportistas jóvenes con patologías de riesgo son asintomáticos, es decir, tienen una exploración normal y presentan un excelente rendimiento deportivo. Por tanto, la inclusión del resto de pruebas diagnósticas aumenta la probabilidad de identificar a aquellos sujetos de riesgo. En cualquier caso, el reconocimiento previo a una competición debe incluir un cuestionario de salud con su historia genealógica y anamnesis detallada, una exploración cardiovascular meticulosa, la presión arterial y un ECG. Y, a partir de los 35 años, en cualquier deportista hay que incluir un ecocardiograma y una prueba de esfuerzo, ya que estos procedimientos pueden afinar hasta en un 90% la posibilidad de encontrar enfermedades cardíacas ocultas y evitar el riesgo de muerte súbita.

Pruebas diagnósticas:

  • ECG (Electrocardiograma): Es una prueba que registra, mediante la monitorización con electrodos, la actividad eléctrica del corazón en reposo. Sin embargo, el ECG por sí sólo no tiene capacidad para detectar todas las anomalías de las arterias coronarias, por lo que se recomienda la inclusión de pruebas diagnósticas más específicas.
  • Prueba Esfuerzo (Ergometría): Consiste en la realización de ejercicio físico, en tapiz rodante o bicicleta estática, aumentándose progresivamente la velocidad para poder valorar la respuesta de nuestro organismo al deporte y el pronóstico de padecer una enfermedad coronaria. Normalmente, en estas pruebas se incluye el ECG y análisis de gases, para analizar la velocidad a la que ocurren cambios significativos en nuestro corazón o cómo varía el consumo de oxígeno y dióxido de carbono durante la prueba.
  • Ecocardiograma (Ecografía cardíaca): Facilitará la detección de alteraciones cardiacas que pueden pasar inadvertidas en una revisión física normal o durante el electrocardiograma. El ecocardiograma permite observar una imagen en movimiento del corazón y aporta información sobre la forma, tamaño, función, fuerza del corazón, movimiento y grosor de sus paredes y el funcionamiento de sus válvulas. Además, puede aportar información de la circulación pulmonar y sus presiones, la porción inicial de la aorta y ver si existe líquido alrededor del corazón (derrame pericárdico). Se trata de una técnica que permite detectar miocardiopatías, anomalías del origen de las arterias o afección de las válvulas y de la aorta, es decir, las principales causas por las que se puede llegar a desarrollar la muerte súbita.

La controversia surge sobre la falta de legislación específica sobre estas pruebas que permitan la participación a cualquier deportista en una prueba de alto rendimiento. A pesar de esto, el nivel de riesgo vendrá determinado por varios factores: edad, grado de entrenamiento y genética. En algunos países de la UE estas pruebas son obligatorias por ley para cualquier persona que haga deporte, lo que ha reducido drásticamente la mortalidad cardíaca en adultos y jóvenes. Por tanto, habría que pensar que estos chequeos los debería realizar cualquier persona que practique deporte de forma habitual, ya que la prevención clínica es la única forma de evitar este tipo de patologías.

¡Prevenir es curar. Cuida tu salud y evita sustos!

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